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El jardín de Bomarzo

Una mente educada

Lo que el país vive estos días es el crudo reflejo del momento, una mezcla entre mentira y oportunismo político por intereses personales y desinformación

Publicado: 17/11/2023 ·
13:27
· Actualizado: 17/11/2023 · 13:27
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Bomarzo

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El jardín de Bomarzo

Todos están invitados a visitar el jardín de Bomarzo. Ningún lugar mejor para saber lo que se cuece en la política andaluza

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“Los periodistas servimos para ayudar a los ciudadanos a serlo. A ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”. Joaquín Estefanía.

Lo que el país está viviendo estos días es el crudo reflejo del momento, una mezcla entre mentira y oportunismo político por intereses personales y desinformación con el añadido de esas hordas que actúan de manera inconsciente, aupadas por voceros que intentan asaltar el poder desde la confrontación callejera. Todo, en conjunto, lamentable.

En primer término porque esta amnistía, pese a constitucional, representa el interés político de gobernar a toda costa, supone al tiempo la concordia para Cataluña y el conflicto para el resto del territorio nacional y eso, después de lo vivido, no es justo, pero es lícito. Solo el tiempo demostrará si ha sido positivo o no para el país en su conjunto,  muy complicado lo tiene Sánchez ante una legislatura donde imperará el conflicto. Lo peor es el discurso. Apenas si merece la pena escucharlo porque, en general, representa una falta de respeto absoluta a la inteligencia del paciente ciudadano que, sin voz, es tratado como carne picada sin capacidad alguna de maniobra, como si en la parte alta de su cabeza solo hubiese un hueco vacío incapaz de analizar que todo lo que está pasando es simple y llanamente motivado por el interés de mantener el poder. De unos, que justifican lo que hace bien poco negaban, de otros, que denuncian alarmados lo que antes ellos mismos hicieron; el pacto del Majestic para la investidura de Aznar es un ejemplo. Y esa ultraderecha que grita “Sánchez dictador” blandiendo una bandera de España con el águila… Sin palabras.  

Ante esto, llama la atención, sobre todo, el papel de los medios de comunicación, esos mismos que son insultados, agredidos, señalados por los que hoy se postulan como los únicos defensores de la patria, la democracia y la Constitución, despreciando que la libertad de información es un Derecho Fundamental consagrado por la propia Constitución, pero ya sabemos que la Carta Magna se usa al gusto e interés y viene bien a unos y otros culpar a los medios y periodistas de una aparente manipulación de la que, en todo caso, participan todos.

La época dorada de la prensa escrita española fue a partir de la transición democrática en la que iniciaron andadura medios como El País, gracias a la libertad de prensa. Para los ciudadanos, ávidos de tener en sus manos periódicos sin la censura franquista, la información era muy demandada. En general, cada medio de aquella época tenía una clara línea editorial, lo cual se veía con buenos ojos porque la pluralidad de ideas era un valor en alza. Bajo cada línea editorial se informaba con seriedad y esto hizo que la gente exhibiera con orgullo el periódico que llevaba bajo el brazo. La mayor venta de prensa escrita fue en los años ochenta y noventa del siglo pasado, incluso en la primera década del actual. Cayó el bipartidismo y las mayorías absolutas -la última en 2011- y esto tuvo efecto en el mundo de la comunicación y, con ello, el periodismo comenzó a sufrir un descrédito social derivado de la polarización política, el aumento de la competencia y la fragmentación ideológica. Y poco a poco internet fue acaparando nuestras vidas y con ello las redes sociales y los medios digitales, reduciéndose sin solución de continuidad los lectores de prensa escrita.

Informar con rigor y seriedad tiene actualmente el grave problema de la abundante desinformación y contra información, lo que hace que a todos los medios se les meta en el mismo saco. Esto se ha visto agudizado con el uso de las redes en las que bajo el anonimato se puede decir cualquier barbaridad. También contribuye la abundancia de medios digitales y pseudo medios que sólo son webs aunque se autodenominen diarios o, incluso, televisiones, cuando no son más que páginas en facebook que suben vídeos y en muchos casos con financiación política detrás. El mundo de las redes y de los digitales se nutre de las visitas y para obtener el máximo posible es habitual el uso del llamado clickbait a través de titulares sensacionalistas e incluso de bulos que aprovechan la curiosidad, insaciable, del internauta. Todo ello lo manejan quienes quieren crear estados de opinión al objeto de despertar sentimientos y sensaciones que son siempre el mejor apoyo para mover a la gente hacia el objetivo que interese, como sucede ahora. Y lo curioso es que a una gran mayoría de usuarios de internet y de las redes parece que les aporta un plus de veracidad y consumen lo que sea, sin mínima reflexión, siempre que el post, el tweet o el titular digital diga lo que quieren leer.

Obligado es discernir el papel de los medios en una situación de conflicto nacional como la actual, donde deben ejercer un papel fiscalizador, no partidista, imparcial basculando sobre sus tendencias editoriales, lícitas también, y sereno frente a unas redes sociales y determinados medios digitales que se han convertido en el paradigma de la desinformación y que tanto daño hacen porque se saltan todo código deontológico ante el principal objetivo que les mueve y que es malear la opinión pública en el sentido que les venga bien, jugar con los datos, omitir informaciones, infundir miedo a un futuro apocalíptico si gana el contrario e impulsar el sentimiento de odio e ira y, con ello, intentar romper la convivencia volviendo a las dos Españas, que la transición enterró precisamente con una amnistía. Por esto ahora más que nunca los medios profesionales han de diferenciarse de ese mundo mediático manipulador, con seriedad en los análisis, contrastando los datos, recogiendo la pluralidad de opiniones, pero ajenos al partidismo y, sobre todo, impulsando la serenidad, la convivencia pacífica y ayudar a que la democracia funcione con la libertad que da la correcta información, que cada cuatro años permite decidir si quien gobierna ha mejorado la vida del país y, por tanto, merece seguir, o si ha sido un caos y la mayoría prefiere dar su confianza a otro.

Y pese a que a muchos no gusta lo que estamos viendo, incluidos miles de votantes de Sánchez, esto no es más que el juego democrático de la suma de las mayorías y, guste o no, hay que aceptarlo porque es lo que ha votado la gente, la misma que le ha dado al PP tantas instituciones y posibilidades de gobierno en sumas legítimas con Vox en varias comunidades autónomas. Nos falta, en general, profundidad democrática; como decía Aristóteles: “Solo una mente educada puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo”.

Bomarzo

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